El regreso del hombre a la Luna : 2020

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El futuro de la NASA se llama programa Constellation y tiene un triple objetivo: desarrollar la próxima generación de lanzaderas, cápsulas y trajes espaciales, colonizar en 2020 la Luna para hacer ciencia, explotar sus recursos y aprender a sobrevivir en otro planeta; y el broche de oro: enviar tripulaciones a Marte.

En primer lugar hay que hablar, pues, de los dos futuros transbordadores, integrados en el sistema Ares. El Ares I llevará en su punta la cápsula tripulada Orion. La capacidad de carga de ese delgado cohete será de 25 toneladas y el transporte de astronautas a la Estación Espacial Internacional (ISS) comenzará en 2015. Su hermano mayor, el Ares V, será un enorme vehículo capaz de colocar en órbita baja 188 toneladas de carga, y de enviar a la Luna hasta 71. Su segmento o etapa superior llevará la tripulación al satélite terrestre, pues una vez en órbita, los astronautas se transferirán a ella.

“Una de las razones principales para ir a la Luna es la geología”, dice Terry Hill, director del proyecto de ingeniería de los trajes. “Si no te puedes agachar y doblar bien, estás perdido”. Otra clave radica en hallar el centro de gravedad perfecto, que cambia según lo que se lleve en la espalda. Parece ser que los primeros astronautas lunares se caían a menudo por un desfase en dicho centro de gravedad. También hay que tener en cuenta los daños causados por el fino polvo gris, formado en realidad por pedazos de cristales capaces de cortar todo lo que tocan, desde un trozo de tela hasta los tejidos pulmonares. Los diminutos cuchillos se acumulaban en las junturas de los trajes Apollo y hacían difícil moverlas. Además, la nueva generación de atuendos debe ayudar al usuario a ahorrar oxígeno, haciendo que se sienta relajado y cómodo.

El fin es aprender a usar los recursos naturales, hacer los preparativos para viajar a Marte e investigar. Se prevén seis meses de estancia continua, algo similar a lo que ocurre en las bases antárticas. De la logística y el mantenimiento podrían ocuparse empresas privadas.

Seguramente, la Luna alimentará la fiebre del oro del siglo XXI: allí espera el combustible de las futuras plantas de fusión nuclear. “El exótico helio 3, fusionado con deuterio, tiene la capacidad de producir electricidad, generando muy bajos niveles de radiación y casi ninguna pérdida de calor”, ha declarado W. M. Braselton, ex vicepresidente de Harris Corporation. “Es claramente viable desde el punto de vista económico”.

Cuando volvamos a la Luna, el viaje será una necesidad económica y medioambiental, no una mera acrobacia política.

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